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25/4/15

La búsqueda V

     El banquete estaba dando a su fin. Ellyon había estado hablando con todos los buscadores, con todos menos con Abatwa. Este había permanecido siempre en la sombra y casi siempre solo. En una ocasión vio como Edrielle se acercaba a él y le hablaba, como si intentara animarlo a que se uniera a la fiesta. Él solo negaba con la cabeza. Una tristeza infinita se reflejaba en todo lo que hacía. Edrielle le acarició el rostro con el dorso de la mano. Abatwa se dejó hacer mientras cerraba los ojos. Cuando los abrió miró directamente a Ellyon y desapareció en las sombras. El hada del aire se giró para mirar lo que había visto Abatwa y se encontró con la expresión de remordimiento del nuevo buscador Dríade. 

      Licke prácticamente no se había separado de Ellyon en toda la fiesta. Le había llevado de un lado a otro presentándole a todas las hadas del lugar. Y a los que no conocía se presentaba ella también. Su entusiasmo era contagioso, y no habían parado de reír en todo el tiempo. Aunque podía ver como dedicaba miradas furtivas a la sombra donde se encontraba aquel ser que tanta curiosidad le producía.


     Había hablado un rato con Morrigu, pero esta estaba más centrada en los de su especie, no paraba de preguntar por las anteriores búsquedas, y por su antecesor. Sus ansias por aprender no tenían límites. Los demás les respondían con educación, pero intentaban ser escuetos, querían divertirse, sabían que les quedaba por delante una ardua tarea.


      Edrielle era muy diferente a los demás, caminaba entre ellos casi flotando con una elegancia perfecta, irradiaba fortaleza dentro de esa delicadeza que la invadía con cada paso. Hablaba con unos y otros y Ellyon podía ver el efecto que causaba en las demás hadas. Aunque todos se sentían felices cuando hablaban con ella, el rostro de Edrielle reflejaba algo más detrás de aquella sonrisa.


      Ellyon miraba de un lado a otro, observando, intentando quedarse con cada detalle de cada uno, siempre había sido muy observador, todos le decían en casa que tenía una capacidad especial para distinguir los sentimientos de los demás. Y ahora parecía como si ese don se hubiera acrecentado al haberse convertido en Dríade.


      La fiesta se estaba acabando y Arien se acercó a él. A su lado la acompañaba otra dríade que él no había visto. Era muy hermosa, casi más que Arien, conservaba un halo salvaje que Ellyon no había descubierto en ninguna otra hada del lugar.



     - Ellyon, te presento a tu maestra, ella es Eglantina. Te va a enseñar a usar todos tus poderes, ella te entrenará y te guiará para que hagas una buena búsqueda.

     Ellyon se acercó a ella para saludarla con el saludo de las hadas. Licke le había enseñado a hacerlo. Juntaron sus frentes y cerraron sus ojos. Licke le había explicado que aquella era la única manera de saber que el que tienes enfrente tiene un aura limpia. En esta ocasión Ellyon lo sintió con más fuerza. Tanta que se retiró rápido de la impresión. Eglantina sonrió.


     - Esta será tu primera lección. Tienes mucho que aprender muchacho y tenemos poco tiempo. Ahora es el momento de sosegarse. Necesitamos la noche para dormir y despejar las ideas que nos aturullan la mente, así que ve a descansar, mañana será un largo día, empezaremos temprano. Y no admito ningún retraso. Te quiero bien despierto y con el estómago lleno. 


      Tras decir aquellas palabras Eglantina se alejó. Arien lo miraba con curiosidad.


     - Espero que sepas cumplir con el legado que te dejó tu abuelo. Después de él solo hubo una dríade que lo sustituyó. Cuando te vi, pensé que él había vuelto, que no nos había dejado como prometió la última vez que vino. Pero en vez de eso mandó a su nieto. 


     Ellyon vio algo parecido a la nostalgia en su voz. ¿Podría ser? Su abuelo jamás le había contado nada sobre aquel mundo, y por mucho que intentara recordar no encontraba en su mente nada relacionado con Arien. 


      - ¿Por qué mi abuelo prometió no volver jamás?  ¿Qué pasó?


      - La última búsqueda de tu abuelo no resultó como esperaba. - Arien suspiró, se detuvo, no sabía si continuar hablando. - No sé si soy yo la que te debe contar esto, creo que es una historia de tu abuelo. 


      Ellyon no preguntó más, sabía ya por experiencia que cuando Arien no quería hablar, no lo haría.


     - Dormirás en la cabaña reservada para los buscadores con Licke, Edrielle y Morrigu.


      - ¿Y Abatwa?


     - Él prefiere dormir fuera de la ensenada. Y ahora basta de preguntas. A descansar, que mañana te espera un largo día.


     Ellyon se dirigió a la cabaña que le había señalado Arien. Allí ya estaban las demás buscadoras. La cabaña era sencilla, solo tenía tres habitaciones, una de ellas, algo parecido a una cocina, con diversos frutos en una mesa de madera. Otra era un baño y la tercera estancia era la principal, en ella había tres literas pegadas a la pared. En la cuarta pared había una chimenea, estaba apagada. En medio de la habitación una mesa con varias sillas, Ellyon las contó, eran seis. ¿Por qué seis, si eran cinco? Otra incógnita que debía resolver.


      Morrigu descansaba en la cama de arriba de una de las literas, tumbada mirando al techo jugaba con una pequeña bola de fuego. Edrielle parecía dormir en la misma litera en la cama de abajo. Y Licke no paraba de dar vueltas en la de al lado. Ellyon eligió la cama de abajo de la litera vacía. Se tumbó pensando que no podría dormir en toda la noche. Pero el cansancio hizo que los párpados cedieran. Lo último que vio fue una bola de fuego volando por la habitación.



21/4/15

La niebla IV

     Las voces habían desaparecido, no se atrevía a abrir los ojos. Intentó escuchar todos los ruidos de fuera. Había grillos tocando su música nocturna. Debían de estar fuera de la ciudad. Un búho se oyó a lo lejos. ¿O sería una lechuza? ¿pero que le pasaba? Estaba secuestrada, drogada, a la espera de algo, a la espera de lo que podría sucederle ¿Y se ponía a analizar el ulular de un ave?

     Sacó todo el valor que podía reunir, la anestesia ya hacía tiempo que había dejado de hacer efecto en todas las partes de su cuerpo. No oía voces, no oía pisadas, decidió levantar la cabeza y asomarse por la ventanilla. De repente solo oía su corazón, era como un caballo desbocado, parecía salírsele del pecho. Primero abrió los ojos. Oscuridad dentro del coche, oscuridad fuera. Solo le llegaba una tenue luz por la ventanilla donde tenía sus piernas. Con un leve  movimiento levantó mínimamente la cabeza. Podía ver lo que había detrás de la ventana. Parecía una casa, una de esas prefabricadas, en mitad de una espesura. ¿Estaría en el bosque? No pudo ver más. Sus ojos azules le taparon la visión.


     Se acercó al coche rápidamente, le había parecido ver algún movimiento dentro. Era imposible, tenía la dosis de anestesia justa para aguantar toda la noche, aun así abrió la puerta y se la quedó mirando. Nada, ni el más leve movimiento. Decidió tomarle el pulso, un pulso demasiado acelerado para estar con anestesia. ¿Se estaría despertando? 


     - ¿Qué haces? ¿Por qué tardas tanto? ¡Tráela de una vez!


     - Creía que se había movido. Habrán sido imaginaciones mías. - Aun así no se quedó muy convencido. La cogió en brazos como se coge a un bebé y les llevó la presa a sus hermanas.


    Intentaba controlar su respiración, intentaba serenarse, le había tomado el pulso y estaba acelerado. Y ahora encima la llevaba en brazos, como se llevan a las novias para entrar en sus casas por primera vez. Se imaginó vestida de blanco, entrando en una casita blanca en mitad del campo, con esos ojos azules mirándola enamorado. Una sonrisa asomó a sus labios. 


      ¿Pero qué es lo que me pasa? ¿Lo habrá visto? Por favor que no lo haya visto, por favor que se crea que estoy dormida. Ay mi corazón, lo está oyendo, seguro que lo oye. Claro que lo oye, su corazón y el mío están conectados. Somos uno. Agggg ¡me estoy volviendo loca!


     Siguió andando con ella en brazos, a pesar de haber visto esa leve sonrisa, a pesar de haber notado sus dedos acariciando levemente su camisa, a pesar de sentir el pulso acelerado. Sabía que ya no estaba dormida. Pero no dijo nada, no hizo nada, siguió andando. 

      - ¡Ay, pero que bonita es! No nos habías dicho que era pelirroja. Es preciosa. ¡Y qué piel! ¿Has visto hermana?

     Las dos hermanas se acercaron a su hermano, sin dejarle apenas caminar, daban saltitos y pequeñas palmadas mientras alababan a su pequeña presa. Él las miró con desprecio, no las soportaba cuando se ponían así, a pesar de deberles todo, en esos momentos las abriría en canal con su bisturí.


     - Dejadme que la lleve a la cama por lo menos. Hay que ponerle la vía y prepararla.


     - No hay quien te aguante cuando vienes con ese humor. Alégrate hermano, esta noche va a ser mágica. 


     Su hermana le dio un pellizco en el moflete y le besó los labios. Su otra hermana no dejaba de mirar a aquella mujer que ahora yacía en la cama. Sería perfecta. Esta vez sería perfecta.


    Él se acercó a la cama y le tocó la mejilla con el dorso de la mano, sus hermanas tenían razón, su piel era una maravilla. Se acercó a su cuello y olió su perfume. En un pequeño susurro, casi inaudible le habló.


     - Sé que estás despierta.





16/4/15

La búsqueda IV

      Todo estaba preparado, en la plaza donde antes habían estado se congregaban muchos seres, Dríades, les había llamado Arien. Pero además de ellos había otros que aunque muy parecidos eran distintos, algunos eran etéreos casi transparentes, otros eran de colores vivos, naranjas, rojos y amarillos decoraban su cuerpo, y otros eran azules. Todos tenían alas, todos menos los dríades.

      Juan se quedó mirando aquel espectáculo de colores, todos aquellos seres se movían despacio, con agilidad. Se estaban saludando, como si se acabaran de encontrar después de muchos años. Cuando Arien entró en la plaza el murmullo y las risas pararon. Arien tomó su asiento y todos los demás hicieron lo mismo. Uno de los Dríades que siempre iba con Arien sentó a Juan a su lado.


       - Bienvenidos a todos a nuestro reino. Ya estamos listos. Todos nuestros buscadores han llegado. La mayoría ya habéis estado aquí, pero nuestro buscador, el buscador de los Dríades es la primera vez que habita con nosotros. Hoy recibirá un nombre, y todos serán presentados. 


      El mismo Dríade que lo sentó, lo levantó y lo puso delante de Arien. Juan estaba nervioso. Estaba de espaldas a todos los demás, delante, aquellos ojos lo volvieron a hipnotizar. Un murmullo empezó a sonar por todo el lugar.


       - Dinos tu nombre.


      Juan supo que contestar, lo tenía claro.


      - Mi nombre es Ellyon. 


     - Que así sea, pueblo os presento a Ellyon, buscador de los Dríades.

     Todos los presentes se levantaron y se inclinaron. Ellyon no sabía que hacer, sentía como el rubor le coloreaba su cara de color verde. Así que hizo lo único que pensaba que podía hacer, se inclinó a su vez. Un murmullo de sorpresa llenó la ensenada. Así que se levantó rápido y miró a Arien en busca de ayuda. No quería ofender a nadie. Ella lo miro en señal de aprobación y le dijo "ahora no es el momento". Se lo dijo, pero sus labios no se movieron. Sonó en su cabeza, era su voz, pero no lo pronunció. ¿Acaso podía comunicarse a través de la mente? No le dio tiempo a pensar más.


      Un ser de color naranja se adelantó y se dirigió a los demás presentes.


      - Las salamandras, hadas del fuego, presentamos a nuestro buscador. Ella ya lleva tiempo con nosotros y ya conoce todas sus habilidades. Está preparada para la búsqueda. Su nombre en la tierra de los humanos es Jara, pero aquí la conocemos como Morrigu, hada guerrera.



     Un hada salió volando más allá de los árboles, todos miraban hacia el cielo, y una estrella de fuego empezó a caer desde las alturas. Cuando parecía que chocaría sin remedio, emergió una luz más potente y Morrigu posó los pies con delicadeza sobre el suelo.
Estaba en medio de la plaza. Todos se inclinaron ante ella. Ella solo asintió con la cabeza, y con una sonrisa le guiñó un ojo a Ellyon, que no podía quitarle los ojos de encima.


      - Las Ondinas, hadas del agua, presentamos a nuestro buscador. Acaba de llegar a nuestro lado, prácticamente es una niña, pero está aprendiendo rápido, y en pocos días sabrá utilizar todos sus dones. En la tierra de los hombres se la conoce como Julia, aquí la llamamos Licke, su mirada es la más dulce que cualquier ser haya conocido.


      Unas gotitas de agua empezaron a caer sobre todos los presentes, y entre ellas apreció volando un hada pequeñita, quizás la más pequeña que Ellyon había visto. Su cara rebosaba dulzura y miraba a todos con cierta timidez. Con un movimiento de manos recogió toda el agua y la hizo evaporarse. Ya en el suelo recibió la reverencia de todos, mientras su mirada iba dirigida más allá de la reunión. Ellyon miró hacía allí, pero no pudo distinguir nada.

     - Los silfos, hadas del aire, presentamos a nuestro buscador. Lleva con nosotros poco tiempo. Pero participó en nuestra búsqueda anterior. Se le conoce en la tierra de los humanos como Isi, aquí la llamamos Edrielle. Tiene el don especial de dar alegría a los que no la tienen. Esta va a ser su última búsqueda. Ha encontrado el amor entre los hombres y pronto quiere traer niños al mundo.



     Una brisa suave acarició a los presentes en la ensenada, una sonrisa se dibujó en sus rostros, que miraban al cielo con los ojos cerrados. Edrielle voló por encima de todos, dejándose llevar por aquel suave viento, hasta que se posó junto a los demás buscadores. Todos le dedicaron una reverencia y ella sopló con delicadeza sobre sus cabezas. Ellyon se dio cuenta de que le había llevado la felicidad. Se sentía mucho mejor, los nervios de toda aquella ceremonia habían desaparecido.

      Pensó que ya no quedaban más seres diferentes, con lo que ya no habría más buscadores. Pero nadie se movía. Todos estaban esperando algo. 


      Desde el mismo lugar del que había mirado Licke una figura empezó a hablar.


      - Yo me presento como buscador. En la tierra de los hombres me conocían con el nombre de Edgar. De eso hace ya mucho tiempo. En la tierra de las hadas me conocéis por mi verdadero nombre, Abatwa. - Mientras hablaba, iba andando hacía los demás buscadores, a pesar de tener alas, no las usaba.

- No tengo ningún pueblo, pero pertenezco a todos ellos. Algunos me llaman el desterrado, pero nadie me echó, soy libre, y vivo según mis normas. Participo en todas las búsquedas y siempre he salido ileso, no todos lo han conseguido. No necesito mostrar mis dones, para los que no me conozcáis aún, sabed que los uso solo cuando son necesarios.

      Abatwa llegó al lado de los demás buscadores y todos hicieron una reverencia. Ellyon no sabía porque, pero esta duró más que las demás. La felicidad que había sentido antes se había desvanecido, dejando a su paso un halo de tristeza que lo envolvía todo. Quería saber más sobre aquel ser, decidió que más tarde le preguntaría a Arien.


      - Presentados todos los buscadores, estamos listos para empezar. Pero antes celebraremos el banquete. Todo el mundo a divertirse.


      Arien se bajó de su silla y empezó a hablar con todos los que allí se presentaban. Eran muchos los amigos que llevaba tiempo sin ver. Ellyon intentaba acercarse a ella, pero no podía. Una voz sonó a sus espaldas.


    - Déjala, ahora no podrá estar contigo. Ven conmigo, te presentaré a los demás buscadores. Yo soy Licke. 


     Una gota de agua voló hasta su cara para detenerse delante de su nariz y tras unos segundos en suspensión cayó al suelo. Licke rio bajito y cogió a Ellyon de la mano. Aún le quedaba mucho por aprender.



11/4/15

La niebla III

     Conducía su coche por una carretera secundaria, esa noche no había luna, el negro lo invadía todo, solo los faros de su coche daban algo de luz a la oscuridad. En la radio sonaba una canción en bucle, mientras él tarareaba su parte favorita.

And you give yourself away
And you give yourself away
And you give, and you give
And you give yourself away

8/4/15

La búsqueda III

      Todo quedó en silencio, Juan no podía apartar la mirada de los ojos de aquella chica que lo miraba sin ver, que lo abducía y lo atraía hacia ella. Un murmullo casi inaudible empezó a oírse a su alrededor, un sonido casi mágico que salía de las bocas de esos seres, una música sin palabras, una melodía entonada con sus labios sellados. Pero él no podía apartar la mirada de aquellos ojos. 

4/4/15

La búsqueda II

      La seguía casi corriendo, ella en vez de andar, parecía que volaba, sus pasos eran cortos y largos al mismo tiempo, y Juan no podía dejar de mirar aquellos cabellos de oro que se movían al ritmo de su vaivén. Su ropa se confundía con su cuerpo, no sabía donde empezaba su piel y donde acababa la ropa. ¿O era todo piel? No había visto ningún ser parecido. Ni en revistas, ni comics, ni películas.

3/4/15

La búsqueda





Juan no sabía que había pasado. No se sentía pequeño, sino que era más pequeño que antes. Todos los veranos visitaba a su abuelo, que vivía al lado de un bosque. Él le había transmitido su amor por los pájaros, y prismáticos en mano paseaba silencioso mientras recogía plumas de sus bellos amigos. Acababa de recoger una cuando empezó a encoger sin motivo aparente. Miró a todos lados, oía pasos de gente acercándose.


29/3/15

La niebla II

      Aquella mañana la niebla lo acompañaba. Se había levantado temprano, y cuando miró por la ventana sonrió al ver que el parte meteorológico no se había equivocado. Se afeitó en la ducha con el agua hirviendo, como a él le gustaba. Se echó sus cremas, y se puso los vaqueros que había elegido el día anterior. 

       Estaba nervioso, llevaba esperando ese día un mes entero. Un mes sin niebla, un mes de espera, de seguimientos, de aburrimientos totales viendo como aquella mujer seguía su vida día tras día, su monotonía aburría hasta la saciedad. Una mujer del montón, sin gracia, trabajo entre semana, salidas nocturnas los sábados. ¿Se podía ser más predecible? Sin seguirla, sabía exactamente donde iba a estar en cada momento.


15/3/15

La niebla

      El día se había levantado gris, la niebla lo envolvía todo. Ella caminaba deprisa, llegaba tarde a trabajar, no veía pasar a la gente hasta que se encontraban a su lado, parecían espectros caminando a su alrededor, acechándola. Su miedo aumentaba conforme iba imaginando en su cabeza todas las películas de zombis que había visto. Maldijo esos momentos delante del televisor que le hacían tener esa imaginación desbordante.