Cuando
no hay nada que decir. Cuando no hay nada que decir, las palabras se quedan
agolpadas en algún rincón de nuestro cerebro. Las palabras se pierden en el
laberinto de nuestros sentimientos.
Cuando
no hay nada que decir, las musas se sienten perdidas y se hinchan de chocolate,
de chocolate de todos los tipos, de helados de dos chocolates, del blanco, del
negro, espolvoreados con virutitas de otro chocolate distinto. Galletitas de
chocolate de todas las formas, chocolate en taza, bombones rellenos de
deliciosos sabores.
Y
aunque a ti el chocolate ni fu ni fa, ellas se lo comen por ti. Porque se
sienten perdidas entre tanta falta de palabras. Porque ellas hacen la magia con
tus palabras, pero si las has perdido, no pueden crearla, y se dedican a otras
cosas que le llenen el alma, o el estómago.